Ángel Román leyendo un libro de Mark Fisher durante una conferencia sobre capitalismo y cultura contemporánea

Mark Fisher. El capitalismo más allá de sus límites

Existen autores que mantengo una fascinación desde el primer momento que los conozco como es el caso de Mark Fisher. No tengo ni idea de por qué me atraen de una manera inmediata, la cuestión que sucede. Es como una epifanía, una revelación y me incita a seguir investigando y leyendo documentos, libros y publicaciones de esa fascinación. Me acabo de dar cuenta de que esto es mí el “algoritmo natural”. Una especie de intuición o brújula cultural.

Le conocí por Lo raro y lo espeluznante justo antes de la pandemia del COVID-19, en concreto por los temas relacionados con David Lynch (devoro todo ensayo que se publica sobre el director norteamericano), Sigmund Freud, lo siniestro e inquietante (unheimlich), temas que son mis favoritos.

Más tarde cayeron por mis manos Realismo capitalista. No hay alternativa, Deseo postcapitalista y Los fantasmas de mi vida, todos ellos editados por la magnífica editorial Caja Negra.

La combinación de cultura popular, filosofía, música, cine y psicopolítica me dejaron asombrado. Cada día que pasa su huella es más profunda. Sus ideas son tan poliédricas y enriquecedoras que tienen una vigencia actualmente muy poderosa. Sus libros no se dejan de reeditar, seminarios y cursos amplifican su legado y el futuro parece que va en la dirección de sus pensamientos después de casi 10 años de su muerte (se suicidó un 13 de enero de 2017 a los 48 años de edad).

El día que conocí a Mark Fisher mi vida no ha vuelto a ser la misma. Me ha permitido autoconocerme mejor desde una dimensión de social.

 

Tendencias a lo largo del tiempo del filósofo Mark Fisher

Realismo capitalista de Mark Fisher

 

Es un autor que ha sabido identificar como nadie el sentir del siglo XXI y entender la cultura como mercancía dando forma al concepto de “realismo capitalista”.

Fisher no teoriza tanto, sino que da sentido en el devenir de la cultura capitalista cuando existe una intensificación del neoliberalismo y una homogenización de la cultura (más de lo mismo). Entre algoritmos, hiperpersonalización de servicios, extracción de datos y el auge de las narrativas terapéuticas de la autotransformación heroica (Fisher, 2018, p. 130) se justifica la confianza en uno mismo como la única forma posible de proporcionar seguridad en un mundo incapaz de ofrecer respuestas a largo plazo.

Cuando Margaret Tatcher decía que “no hay sociedades, solo individuos” con su política de la mano de hierro en plenos años ochenta, lo que venía a decir es que “no hay alternativa” a un futuro compartido sino a un neoliberalismo donde los propios sujetos individualizan sus deseos y potencian su confianza ciega en el capital.

El capital nunca decepciona. Es inagotable e infinito. Siempre tiene que haber más. Y esta es “la naturaleza del capitalismo. Porque el capital no es dinero. No es el efectivo que tenemos en el bolsillo. El capital es dinero destinado a generar más dinero, el efectivo de nuestro bolsillo no” (Fisher, 2024, p. 161).

Hemos pasado de la ganancia a la rentabilidad en la economía capitalista, deseamos no solo ganar dinero, sino que produzca más, en definitiva, solo observamos, vivimos la realidad a través del capital.

Reconstruyendo la subjetividad

 

Si el colapso del sistema económico capitalista actualmente es algo que no se contempla, y más cuando se ha superado la crisis 2008, el “realismo capitalista” parece abrir una nueva vía para pesar el futuro y consiste acelerar y empujar el capitalismo más allá del capitalismo. Este aceleracionismo

sostiene que hay deseos y procesos que el capitalismo hace surgir y de los que se alimenta, pero no puede contener; y es la aceleración de esos procesos lo que empujará al capitalismo más allá de sus límites. El aceleracionismo es también la convicción de el mundo deseado por la izquierda es postcapitalista, de que no hay posibilidad de retorno a un mundo precapitalista y de que no existe un deseo serio de retornar a ese mundo, aunque pudiésemos hacerlo” (Fisher, 2017, p. 159)

 

El aumento de los problemas mentales como la ansiedad, estrés o la depresión en el mundo contemporáneo ha obligado a pensar que el capitalismo “enferma” a las personas. Más de 1.200 millones de personas sufren algún tipo de trastorno de salud mental según este artículo de El País.

Ilustración de la filosofía de Mark Fisher

Ilustración: Helena de la Cruz 

 

La cultura capitalista ha mercantilizado todo incluso al propio sujeto. Nuestras conductas, emociones, afectos e intimidad son considerados recursos y capitalizados por grandes fondos de inversión para convertirlos en mercancía, puro capitalismo cognitivo de la subjetividad de las personas.

El infierno no son los otros, sino uno mismo

 

El capitalismo, como bien comenta Fisher (2016, p. 66), “se alimenta del estado de ánimo de los individuos, al mismo tiempo que los reproduce”, el propio subjeto también forma parte del mercado, lo intensifica y le hace ser protagonista de la cultura de consumo del siglo XXI. Todo es susceptible de ser mejorado, los medios digitales nos lo permiten gracias a los constantes retoques de mejora y perfeccionamiento.

La mercantilización de la subjetividad contemporánea permite un nuevo diálogo con los objetos de consumo ya que legitiman la identidad a través de las propias experiencias que mantenemos con las emociones.

El concepto de Mark Fisher de “realismo capitalista” se basa en entender que el capitalismo produce realidades sociales que afectan y colapsan a las sociedades de cultura capitalista.  Es como si el propio sistema te enfermara y a la vez tuviera la solución para sanarte.

Este “realismo capitalista” (Fisher, 2016, p. 129)  se basa:

  • La globalización y la unificación de mercados en grandes corporaciones.
  • Una precarización del trabajo (y de la vida en general) caracterizado por la simultaneidad laboral, pobreza salarial y tiempos cada vez más extensos en paro.
  • Aumento de la burocracia de los estados.
  • Intensificación de la cultura de consumo.
  • La mercantilización de la educación.
  • Aumento de los problemas mentales como el estrés, la depresión y la falta de atención.

Las emociones como mercancía. De Mark Fisher a Eva Illouz

 

Comercializar las emociones significa trasladar la realidad objetiva al plano de la experiencia subjetiva. El consumo estimula nuestra individualidad, esos objetos que compramos generan emociones y experiencias. En definitiva, «la cultura moderna ve la emocionalidad como fuente de verdad” (Illouz, 2019, p. 282)

Lo que conecta a Fisher con Illouz es la capacidad que tiene el capitalismo para posibilitar la reconstrucción de la subjetividad gracias a la intensificación del neoliberalismo. Se suprimió la función de la cultura popular de soñar de forma colectivamente (Fisher) para incentivar el empoderamiento de la subjetividad a través del incremento de las sensaciones y emociones como principio de autenticidad (Illouz).

La autenticidad se produce

 

Al capitalismo le interesa producir no solo productos sino también emociones. Renovamos los productos de la misma manera que exploramos nuevas experiencias subjetivas con la intención de ser más auténticos.

Nos aburrimos de lo que somos porque nos soportamos la somos, por eso nuestra individualidad está vertebrada de manera íntima con el consumo, ya que entendemos que al comprar objetos generamos emociones y experiencias.

El consumo como amplificador de nuestra identidad, narra desde lo individual sin permitir vincularlo a lo colectivo. Nuestra identidad es performativa, también nuestras emociones. Comercializamos las emociones para convertir las experiencias subjetivas en realidad objetiva. La emoción se ha convertido en la cultura moderna fuente de verdad.

No hay narración colectiva, solo expresión del yo. El consumo estimula nuestra individualidad, pero ha dejado de producir sentido colectivo.

La intensificación de las emociones nos lleva a replantearnos nuestra relación con los productos. Las personas de las sociedades hipermodernas consumen narrativas del yo que estimulan el deseo, la novedad y la autoconciencia como estrategia del capitalismo para potenciar la subjetividad.

El marketing ha convertido la autenticidad en una propiedad de los objetos, se produce la autenticidad de la misma manera que cualquier otro producto. El producto es tu emoción, una fuente de novedad constante.

El deseo de un futuro que no tuvo lugar

 

La intensificación de las emociones nos lleva a replantearnos nuestra relación con los productos. Las personas de las sociedades hipermodernas consumen narrativas del yo que estimulan el deseo, la novedad y la autoconciencia como estrategia del capitalismo para potenciar la subjetividad.

Según Ortiz de Landázuri (2025, p. 119) “el capitalismo consumista se ha basado en una reconfiguración de la memoria, lo importante ya no es la memoria colectiva, la tradición, sino la memoria individual basada en las propias experiencias”. La producción de sentido no se hace ya de manera comunitaria, no existen narraciones que hablen de lo común, de hechos compartidos. La cultura popular no forja identidades sociales sino de historias mercantilizadas (storytelling) de narrativas individuales que solo tienen como misión la exhibición y tratamiento de la subjetividad como mercancía.

 

Fotografía en blanco y negro de un niño en bicicleta y un letrero que dice: el deseo de un futuro que no tuvo lugar

La comunicación de yo gracias al exceso de los medios digitales no tiende puentes con los demás, nos emociona, pero no tiene capacidad para narrar, tejer ficciones compartidas.

Por esta razón, todas las ideas de Mark Fisher nos hablan del deseo de un futuro que no tuvo lugar, una imposibilidad de la cultura popular por narrar el mañana.

Y esta es la razón fundamental por la que conecta Fisher conmigo: el capitalismo extrae datos, emociones, narrativas, individualiza, nos permite soñar, pero no es capaz de ofrecer futuros diversos, imaginar el camino que nos impulse de esperanza de un mañana colectivo. ¿Hay alternativa?

Y esto es tan deprimente como la depresión que llevó al suicidio a Mark Fisher.

 

Bibliografía

Fisher, M. (2016). Realismo capitalista. ¿No hay alternativa? (1a). Caja Negra Editora.

Fisher, M. (2017). Una revolución social y psíquica de magnitud casi inconcebible: los interrumpidos sueños aceleracionistas de la cultura popular. In A. Avenessian & M. Reis (Eds.), Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el poscapitalismo (1a-4a Reimpresión). Caja Negra Editora.

Fisher, M. (2018). Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos (1a). Caja Negra Editora.

Fisher, M. (2024). Deseo postcapitalista. Las últimas clases. Caja Negra Editora.

Illouz, E. (2019). Capitalismo, consumo y autenticidad. Las emociones como mercancía (1a). Katz Editores.

Ortiz de Landázuri, M. (2025). La civilización del deseo. Una historia filosófica de lo querido. Siglo XXI de España Editores, S.A.

 

 

_[cite]
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta